Rastreator

¿No lo tienes claro? Ver todos

Coches

¿Quiéres comparar y ahorrar en otros productos y servicios con Rastreator?

Ir a Rastreator.com
Información

Los coches autónomos

25 Ene 2018

Información

Elena Sanz

Hablar en futuro del sector de la automoción es hacerlo de los coches autónomos. Teniendo en cuenta que es lo que está por venir, es un terreno por explorar. Esto no quiere decir que no existan avances. Los hay, pero hay que terminar de pulirlos antes de seguir avanzando.

El presente de las ventas en el mundo de la automoción apunta a los coches eléctricos, pero cuando se habla en futuro los protagonistas son los autónomos. En este planteamiento conviene tener claro que si los primeros no han terminado de asentarse, los segundos están todavía lejos por muy optimistas que se muestren algunos de los actores que forman parte del escenario del motor.

No en vano After Market Club, empresa especializada en el análisis de la postventa de coches, elaboró un libro blanco en el que apuntaban que, en 2030, uno de cada cinco vehículos será de Nivel 5, es decir, totalmente autónomos. A esta información añadían que serán completamente eléctricos, podrían no necesitar carnet de conducir y destacaban un par de datos sobre lo que está por venir:

Con estos datos a la vista, nadie duda que el futuro del motor se antoja apasionante. Lo que está por llegar, llegará de todas formas, pero todos los actores del sector tienen tareas que hacer. Éstas pasan por asimilar, entender y aprender sobre los coches autónomos. Y sobre todo esto vamos a hablar.

¿Qué es un coche autónomo?

Son vehículos capaces de imitar las capacidades humanas de manejo y control que perciben el medio que les rodea y navegan en consecuencia. El conductor elige el destino, pero no es necesario para realizar o activar operaciones mecánicas en el vehículo. Esta captación de la información que les rodea se lleva a cabo con todo tipo de tecnología, los sistemas avanzados de control la interpretan y de esta manera identifican la ruta apropiada, los obstáculos y la señalización relevante. Eso sí, necesitan que esas carreteras estén previamente programadas y que exista una reproducción cartográfica del terreno para poder circular coherentemente.

Las principales tareas de las que deben ser responsables son:

Son el futuro que está por llegar, pero lo cierto es que el origen de los coches autónomos es mucho más antiguo de lo que muchos creen. Las primeras pruebas empezaron en los años 30 y 40, concretamente, en 1939 cuando Norman Bel Geddes presentó un coche eléctrico que estaba controlado por un circuito integrado en el pavimento de la carretera. El evento tuvo lugar en la Feria de Muestras Futurama, una exhibición patrocinada por General Motors y que formó parte de la Exposición Universal de Nueva York. Desde entonces, los coches autónomos han ido quemando etapas hasta llegar al presente.

Desde 2014 existen diferentes marcas además de compañías tecnológicas que trabajan para hacer realidad un vehículo que se conduce solo. Nadie quiere quedarse fuera de esta carrera que supondría una revolución en el mundo del motor. Por ello, nombres como Google, Daimler, BMW, Renault, Ford o Volvo, Bosch o Delphi (ambas en lo relacionado con componentes y electrónica) están presentes aunque otros, como Apple, han abandonado sus planes. Unas otras forman parte de planes activos que tienen un objetivo común, pero su implantación definitiva necesita ajustes en muchos aspectos.

Coches autónomos

 

Niveles de autonomía

Los coches autónomos se dividen por niveles: desde los convencionales hasta los que ya son capaces de llevar a cabo recorridos largos repostando, incluso, por sí solos. Evidentemente, son escenarios extremos ya que entre uno y otro existen varios tipos diferenciados por una serie de reglas o medidas que determinan la independencia de estos vehículos. La Autoridad de Tráfico de Estados Unidos (NHTSA) ha elaborado una clasificación que no es la más profunda, pero sí la más universal:

Nivel 0 - Sin automatización

Engloba todos los coches que no tienen de automatización y aclara que un coche no es autónomo por mucho que las luces o los limpiaparabrisas se enciendan solos.

Nivel 1 - Asistente de conducción

Recoge todos los coches que cuentan con ayudas a la conducción como, por ejemplo, el asistente de frenada o el control de velocidad de crucero. Este nivel se apoya en sensores como los ultrasonidos y las cámaras.

Nivel 2 - Semiautomático

Combina algunas de las funciones presentes en el Nivel 1. El conductor puede ordenar al coche que circule a una velocidad determinada y que reduzca o frene si se encuentra con otro vehículo o con un obstáculo.

Nivel 3 - Autonomía controlada en autopistas y autovías

El coche es capaz de circular por un carril sin la asistencia del conductor. A esto hay que añadir que puede mantener o reducir la velocidad y aparcar de forma automática. Hasta este nivel es fácil encontrar modelos de varias en el mercado.

Nivel 4 - Alto nivel de autonomía

Los coches pueden hacer casi todo, entienden las señales, reconoce los vehículos que circulan junto a él, se comunica con otros sistemas para conocer mejor el entorno en el que se mueve y es capaz de buscar aparcamiento por sí mismo. Es el nivel en el que están trabajando hoy en día.

Nivel 5 - Autonomía completa

Tanto en este nivel como el anterior el coche es completamente autónomo. La diferencia es que en este, el vehículo es capaz de circular bajo cualquier tipo de climatología y de repostar de forma autónoma.

La tecnología de un coche autónomo

Los coches autónomos utilizan una tecnología que se basa en la filosofía de control. Ésta tiene tres niveles conceptuales y en cada uno hay funciones diferentes que, al mismo tiempo, están relacionadas entre sí:

  • Capa de localización: ubica al vehículo en un mapa y detecta todo lo que le rodea utilizando GPS detallados y sensores de alta precisión conocidos como LIDAR, que detectan desde señales hasta humanos.
  • Capa de planificación: diseña los movimientos del vehículo.
  • Capa de ejecución: ejecuta las órdenes emitidas por la capa de planificación.

Para dar forma a esto, los coches autónomos se nutren de una serie de elementos que se engloban en el hardware o en el software del vehículo y que son necesarios para poder circular con independencia.

Hardware

Es complicado generalizar sobre el hardware de un vehículo autónomo, pero estos son los componentes más importantes:

Ordenador central

Es el cerebro y cuenta con varios núcleos para trabajar en tiempo real. Su misión es procesar todas las señales de los sensores y sistemas del coche y tomar las decisiones a la hora de guiar al coche.

Laser Imaging Detection And Ranging (LIDAR)

Es un sistema de visión que determina la distancia a la que está un objeto calculando el tiempo que tarda en viajar el láser desde el emisor hasta él. Es capaz de girar 360 grados para mapear el entorno y, además, funciona bajo cualquier situación meteorológica y en condiciones extremas de iluminación.

Cámaras de visión

Son los ‘ojos’ del coche con los que reconoce todo lo que le rodea. Hay varias a lo largo del perímetro del vehículo y combinadas con algoritmos y técnicas de visión artificial logran reproducir el sentido de la visión.

Radares ultrasónicos

No es algo nuevo. Muchos coches llevan estos sensores cuya misión es ayudar a la hora de estacionar detectando a qué distancia están el resto de vehículos.

GPS e IMU

Un coche autónomo emplea dos sistemas para geolocalizarse: el GPS y el Intertial Measurement Unit o Unidad de Medición Inercial. El IMU está compuesto por un acelerómetro y un giroscopio. Ambos permiten que el coche controle la orientación, la velocidad y la dirección de desplazamiento en un espacio tridimensional. Esta información complementa al GPS y cuando éste no tiene cobertura, aporta los datos necesarios para saber la velocidad y la situación.

Micrófonos y sensores de sonido

Otro sentido que debe tener un coche autónomo es el auditivo y por ello, incorporan micrófonos y sensores. Éstos aportan información a los algoritmos para que el coche decida mejor.

Sensores y cámaras interiores

Con el objetivo de monitorizar y conocer el estado del conductor, los coches autónomos llevan sensores para informar sobre sus constantes vitales y cámaras para saber su estado y situación en todo momento.

Software

El software es la parte intangible de un coche que está compuesta por una serie de programas que le ayuda a llevar a cabo determinadas tareas. En este caso, una conducción autónoma basada en la inteligencia artificial. Es un campo relacionado con robots que poseen capacidades humanas, pero aplicada a este tipo de vehículos, se centra en tres apartados muy extensos que viven en un constante desarrollo: redes neuronales, aprendizaje automático y visión artificial.

Redes neuronales

Un coche conduce de manera autónoma interpretando el tráfico y las condiciones del mismo y para ello es necesario que su inteligencia artificial sea capaz de aprender. La base de ésta son las redes neuronales. En ellas se almacena todo lo que asimila el vehículo mientras conduce y, posteriormente, este conocimiento es revisado en un laboratorio con el objetivo de lograr más precisión en ese aprendizaje. Después se hacen nuevas pruebas y las redes neuronales pueden transmitir a un número ilimitado de ordenadores de a bordo las actualizaciones de estos datos.

Normalmente, están divididas en diferentes niveles para que la centralita del coche pueda ver, aprender y reaccionar ante situaciones complejas igual o mejor que los humanos. No en vano, las redes neuronales se segmentan semánticamente y cada píxel se clasifica en una de las categorías de objetos preestablecidas. Esto permite que el sistema identifique y diferencie a otros automóviles, camiones, casas, marcas viales, personas y señales de tráfico. Y, además, también obtienen información del entorno como, por ejemplo, la distancia frente a otros objetos.

Aprendizaje automático

Conseguir que un vehículo sin conductor aprenda por sí solo es una de las partes más difíciles porque no puede salir del concesionario sin unos conocimientos mínimos del entorno. Para lograrlo, se enseña al coche reproduciendo distintas situaciones y objetos que se puede encontrar. Hasta el momento, el caballo de batalla es acumular el mayor número de escenarios antes de que el vehículo circule.

Visión artificial

El coche autónomo debe ser capaz de analizar el entorno a través de una serie de cámaras. El coste del hardware no es muy alto, pero, a cambio, necesita un alto grado de experimentación: el entrenamiento de los algoritmos es la base para mejorar y perfeccionar los sistemas basados en visión artificial. Es la parte más compleja del software y la que más inversión requiere: esta es la razón por la que avanza despacio. Por ello, son muchos los que apuntan a que las empresas están llamadas a compartir sus experiencias para progresar más rápido.

Ventajas de un coche autónomo

Hasta que no se conviertan en una realidad y lleguen a las carreteras, la mayoría de las atribuciones son conjeturas. Lo que no cambia es que el objetivo de este tipo de vehículos es lograr que el tráfico por carretera sea más seguro. No en vano, en una situación crítica la ayuda adecuada puede resultar clave. Teniendo en cuenta esto, se han puesto sobre la mesa una serie de ventajas que atesorarían los coches autónomos:

  • Reducción de la siniestralidad causada por errores humanos: no es posible saber cuántas vidas salvarán, pero sí eliminar el factor de riesgo derivado de estos fallos. No en vano, el 90% de los accidentes se debe al factor humano y en el 60% es el conductor el máximo responsable.
  • Combustible: con una conducción predictiva en autopista y autovías, reducirá su consumo entre un 23 y un 39%.
  • Atascos: la congestión seguirá existiendo, pero lograrán que el tráfico sea más eficiente. Los coches autónomos contarán con la tecnología que permite conocer el estado del tráfico en tiempo real para elegir la mejor ruta por tiempo y condiciones. Además evitarán los frenazos y respetarán la distancia de seguridad, dos factores clave en la generación de atascos.
  • Circulación de vehículos: la mejorará en un 80%.

La legislación

Las reacciones de los diferentes países ante los coches autónomos han dejado claro no van a ser bienvenidos en todas partes por diferentes razones que no están relacionadas con la seguridad vial. Una de las grandes barreras para implementarlos se deriva de las legislación que los regula. La normativa de circulación internacional tiene su base en la Convención de Viena de 1968 y en ella se especifica que todo vehículo a motor debe tener un conductor. Sin embargo, no todos los países han ratificado ese acuerdo como, por ejemplo, es el caso de España. Teniendo en cuenta esto, son muchos los que han establecido sus propias normas para regular los coches autónomos.

Europa

Dentro de los planes que la Unión Europea (UE) tiene previstos para 2019 está el de aprobar una normativa comunitaria que establezca una regulación para la circulación de coches sin conductor en todos los estados miembros. El objetivo es que los futuros propietarios no se vean obligados a desactivar su piloto automático al cruzar fronteras. Por otro lado y tras un acuerdo firmado en Roma, empresas y universidades ya pueden hacer pruebas y experimentar con sus vehículos autónomos de forma transfronteriza siempre y cuando cuenten con un permiso emitido por el país de origen.

En lo que a los países respecta, hay dos ejemplos a tener en cuenta: Reino Unido y Alemania. En menos de un año, el Gobierno británico puso en marcha una normativa que regula todo lo relacionado con los seguros de estos coches y se comprometió a potenciar la instalación de más estaciones de carga en las actuales gasolineras. Alemania, por su parte, fue uno de los primeros países que permitió legalmente la circulación de estos vehículos con una condición: debe haber un conductor por si es necesario tomar el control. A esto hay que añadir que, según la ley germana, la información deberá ser almacenada durante seis meses. Algo que no todo el mundo ve con buenos ojos.

España

En España, concretamente, la Dirección General de Tráfico (DGT) estableció en 2015 un marco legal para regular las pruebas con coches autónomos y que establece dos condiciones: la empresa o institución tiene que pedir un permiso a la DGT cuya vigencia es de dos años prorrogables y, como en Alemania, el vehículo debe llevar un conductor situado en el asiento del piloto, por si es necesario que actúe. Lo que todavía está por llegar es la regulación para que esos mismos coches lleven pasajeros. Las normas necesarias para su circulación están en desarrollo y se esperaba que estuvieran listas en 2017. Y es que, de momento, lo único que está incluido en la Ley de Tráfico desde 2016 es el aparcamiento autónomo.

Estados Unidos

Estados Unidos se ha fijado un objetivo: generalizar el funcionamiento de los coches autónomos antes de que acabe la presente década. Y para ello, se han puesto manos a la obra. Bien es cierto que no hay una normativa generalizada así que las leyes que se han ido aprobando afectan al estado correspondiente. De esta manera Nevada autorizó su uso en 2011 y le siguieron California y Florida. En Arizona y Washington, por ejemplo, se exige que las pruebas cumplan una lista de requisitos.

Abierta la veda, unos 20 estados norteamericanos han regulado la investigación, las pruebas y la circulación de coches autónomos por sus carreteras, eso sí, cada uno con sus condiciones. A pesar de ello, la mayoría no cuentan con ninguna ley respecto al tema.

Asia

En Asia también encontramos ejemplos que regulan la circulación y que la prohíben. Por ejemplo, en Japón la primera prueba en rutas públicas se hizo en 2013 de la mano de Nissan mientras que en China se vive una paradoja.

En 2016 se prohibieron temporalmente las pruebas con coches autónomos hasta que aprueben una normativa clara y efectiva. A esto hay que añadir que su gobierno tiene que erradicar las restricciones cartográficas: desde 2002 la ley prohíbe generar cualquier información geográfica de China. Son puntos prioritarios si quieren cumplir las previsiones de su Ministerio de Industria y Tecnología de la Información. China espera ser el encargado de vender el 50% de los coches parcialmente autónomos en 2020, el 15% de las ventas de los altamente automatizados y el 10% de los totalmente autónomos en 2025.

En el extremo opuesto se encuentra India. Se ha convertido en el primer país que ha prohibido los coches sin conductor. Así lo confirmó Nitin Gadkari, ministro de Transportes y Carreteras: “No permitiremos ninguna tecnología que destruya puestos de trabajo. En un país en el que hay paro, no tiene cabida algo que acaba quitándole el trabajo a la gente”. Y esto sin olvidar el caos circulatorio que hay en India.

Siniestralidad de los coches autónomos

Al año, 1,3 millones de personas pierden la vida en accidentes de tráfico que tienen lugar a lo largo y ancho del planeta. El 90% de ellos se pueden atribuir a errores humanos. Teniendo en cuenta el origen de este gran porcentaje de incidentes, el coche autónomo podría ayudar a reducir la tasa de siniestralidad. Eso sí, hay que tener en cuenta que, como en todo, hay luces y sombras ya que los periodos de pruebas no han estado a salvo de los accidentes, algunos mortales. Y es que hace tres años, en 2015, el Tesla S se chocó con un camión y la compañía declaró que ni el piloto automático ni el conductor detectaron el lado blanco del vehículo porque el cielo estaba muy brillante y por lo tanto, no se activaron los frenos.

Cuando se habla de conducción autónoma conviene tener presente que el coche se convierte en un ordenador con ruedas que toma decisiones basándose en una serie de directrices. La ambigüedad no existe en la toma de decisiones de una máquina porque no hay interpretación o violación de las normas a no ser que haya un error. Por ejemplo, en una carretera cuyo límite es 80 km/h no sobrepasará esa velocidad si no se modifican sus parámetros de funcionamiento predefinidos.

Atendiendo a la teoría, este tipo de vehículos serían el sistema de transporte perfecto porque su funcionamiento se basaría en cumplir estrictamente las leyes impuestas. A esto habría que añadir el avance en seguridad que supone ya que el control y la prudencia de los coches autónomos son imposibles de alcanzar por un conductor. Por lo tanto, cabe pensar que un incremento de la automatización podría tener un efecto directo reduciendo en una tercera parte los accidentes de tráfico. No en vano, se prevé que en 2050 ayuden a disminuir en un 80% los siniestros.

Coches autónomos

Mortalidad

Una de las preguntas que todavía no tienen respuesta es la de quién será el responsable en caso de accidente. Por mucho que reduzcan los accidentes, éstos seguirán existiendo porque todo apunta a que, sobre todo al principio, la conducción será mixta. No hay claridad sobre este punto porque no se ha determinado qué parte de la culpa corresponder al conductor y qué parte al vehículo. O lo que es lo mismo: dónde ha fallado el coche autónomo. Por ello, en la investigación de un accidente ayudaría, por ejemplo, la existencia de una caja negra que determine el responsable.

A esto hay que añadir lo que muchos han bautizado como ‘algoritmo de la muerte’. Éste hace referencia a aquellas situaciones en las que los coches tendrán que decidir entre salvar a los pasajeros o a los peatones, pudiendo elegir entre atropellar a los viandantes o salirse de la vía. Se prevé que en estos casos la elección recaiga sobre el coche y no sobre el conductor porque éste se movería por instinto.

Ciberseguridad

Otro de los flecos que queda por pulir es la ciberseguridad de estos vehículos. El desarrollo de nuevos servicios de asistencia al conductor tiene un doble filo. Por un lado creará nuevas oportunidades de negocio y por otro, abre una brecha ya que será vital saber cómo prevenir o evitar ataques remotos al sistema operativo de los coches. Ya se han dado casos en los que hackers han conseguido controlar un coche a través del navegador, el acelerador o los frenos.

El seguro de Coche y los coches autónomos

Los vehículos autónomos prometen cambiar el panorama de los seguros de Coche. En el próximo escenario los actores ya no serán iguales. Se pasará de dos personas involucradas en un accidente a una persona y una máquina o dos máquinas. En primer lugar hay que diferenciar entre culpa (de quién ha sido la acción que inicia el proceso que termina en un siniestro) y responsabilidad (quién asume el pago de los gastos ocasionados).

En el caso de un coche autónomo hay tres opciones: el ocupante, el fabricante del vehículo y el software junto a quién lo ha desarrollado. Si se trata de un vehículo completamente autónomo, el ocupante nunca sería un hipotético responsable y sólo quedaría las otras dos posibilidades. El problema es que pedir cuentas a la marca o a las empresas que desarrollan el software es muy complicado desde el puto de vista de las leyes y de los seguros.

A efectos prácticos, lo mejor sería que la responsabilidad recayese en un solo actor. Muchos han apuntado al fabricante y han dejado en su tejado la posibilidad de que sea él quien asuma y depure las responsabilidades pertinentes. Además, a esto han añadido la posibilidad de llevar a cabo las actualizaciones necesarias para evitar la repetición de un fallo que desemboca en un accidente. No es una posición al azar, se han basado en la postura adoptada por marcas como Volvo para sus futuros coches autónomos.

España y los coches autónomos

Es inevitable preguntarse si España está preparada para la llegada de los coches autónomos. Según los datos que manejan empresas como Bosch, metida de lleno en el desarrollo de este tipo de vehículos, o el INSIA (Centro Superior de Investigación del Automóvil que pertenece a la Universidad Politécnica de Madrid), la infraestructura nacional necesitaría una inversión mínima de 3.000 millones de euros para que el coche autónomo funcione en nuestro país. Esta estimación incluye, entre otras cosas, el gasto necesario para mantener de las señales en la carretera que los autónomos necesitan leer para circular o la inversión en infraestructura inteligente que facilite la información sobre desvíos o modificaciones en la ruta.

A nivel social, el cambio parece más difícil porque el conductor tiene que asumir que la conducción es una responsabilidad plena del vehículo. Según Ipsos Mori, empresa de estudios de mercado global, el 62% de los usuarios españoles prefiere seguir teniendo la posibilidad de conducir aunque los coches autónomos se generalicen. Una cifra algo menor que la media europea: 66%. Una de las razones que atribuyen a estas cifras es que a estos vehículos sin conductor les falta la percepción para adelantarse a los acontecimientos que sí está presente en la conducta humana.

Un ejemplo: Google

Google es un referente en los coches autónomos porque suyo es uno de los vehículos más avanzados que existen hasta el momento. Su modelo está programado para llegar a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora, ya tiene más de un millón de millas de experiencia (1’61 millones de kilómetros), lleva varias experiencias piloto, pero aún faltan detalles.

Los primeros prototipos no tenían volante ni freno ni acelerador. Algo que han tenido que cambiar debido a las exigencias en seguridad del Gobierno de California. Y es que en la etapa de desarrollo los coches de Google estuvieron involucrados en 11 accidentes menores en los que el vehículo no fue responsable. La compañía espera que no se repitan en un futuro porque planean equipar a su flota con un sistema de comunicación general.

El objetivo de Google es que en 2020 sea habitual su circulación y por ello está valorando la posibilidad de unir fuerzas con fabricantes automovilísticos u ofrecer licencias de su sistema para que esas empresas los implementen en sus modelos.

Comparar coches

Teniendo en cuenta que, por el momento, los coches autónomos no están presentes en el mercado español, el conductor tendrá que elegir entre la gran oferta existente. Por ello, contar con una herramienta que agilice el proceso es una ayuda muy útil. El comparador de coches nuevos de Rastreator.com no sólo convierte la búsqueda de un nuevo vehículo en algo sencillo, rápido y entretenido, también ayuda a cada conductor a elegir el coche perfecto en función de sus gustos y, sobre todo, de sus necesidades.


Comparar coches