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¿Merece la pena un coche eléctrico?

19 Ene 2018

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Elena Sanz

La Agencia Internacional de la Energía ha estimado que en 2020 habrá 20 millones de coches eléctricos en todo el mundo. De momento, en España se vendieron 8.645 unidades en 2017 con el Renault Zoe a la cabeza. Las cifras invitan a la esperanza, pero los coches eléctricos siguen sin despegar como se esperaba. ¿Compensa comprar uno?

¿Es rentable comprar un coche eléctrico? Para determinados usos ya son una opción rentable, pero para otros es demasiado pronto. Los coches eléctricos se han convertido en una alternativa real aunque, eso sí, siguen necesitando pulir algunos flecos. Ya entran dentro de los planes de compra de muchos conductores, pero todavía hay gente que se muestra reticente por la existencia de una serie de barreras. En ellas están trabajando los fabricantes que, desde hace unos años, están incrementando las inversiones destinadas a los coches eléctricos para reducir sus debilidades. Saben que el futuro pasa por ellos y por electrificar el parque automovilístico.

Merece la pena un coche eléctrico

Como consecuencia se han reducido los costes de producción, se han mejorado los rangos de autonomía, los intervalos de tiempo se han hecho más cortos y los precios son cada vez más competitivos. Si esta es la línea a seguir, no parecía descabellada la estimación de la Agencia Internacional de la Energía: en 2020 habrá 20 millones de coches eléctricos en todo el mundo. De momento, en nuestro país se registraron 8.645 matriculaciones en 2017; una cifra que supuso una subida del 82% en comparación con 2016.

Todo parece indicar que el viento está a favor de los coches eléctricos, pero en España siguen sin venderse como se esperaba. No existe una razón universal para explicarlo, quizás es más un conjunto de factores en el que se pueden encontrar diferentes intereses, mitos, tópicos, prejuicios… Y muchos de ellos están igual de anticuados que los primeros eléctricos. No en vano, los actuales no se parecen a los que salían de las líneas de producción hace cinco años y tampoco a los que lo hicieron el año pasado.

 

¿Cuándo merece la pena un coche eléctrico?

Normalmente, un coche eléctrico empieza a salir rentable si el conductor hace, como mínimo, 15.000 kilómetros al año. Como en todo, depende de cada usuario y de las circunstancias de éste. Por ello, se han planteado varios escenarios en los que se han evaluado los diferentes aspectos que influyen en él y en los que gana el coche de combustible o el eléctrico contando, además, con aquellos en los que empatan o son parejos.

Cuándo merece la pena un coche eléctrico

 

En qué gana el coche de combustible al eléctrico

El precio

El precio de los coches eléctricos es una de las grandes barreras para muchos conductores y más aún cuando se comparan con sus equivalentes de diésel o gasolina. Por lo tanto, es una de las primeras excusas que muchos argumentan para no comprar este tipo de vehículos. De hecho, son más caros incluso con las ayudas del Gobierno: dependiendo del modelo las diferencias oscilan entre los 5.000 y los 13.000 euros. Por ejemplo, la distancia entre dos coches equivalentes como el Renault Clio (13.010) y el Zoe (22.520) es de 9.510 euros.

Estas diferencias tienen una base lógica: es la vía que las marcas emplean para trasladar el coste de sus inversiones en los coches eléctricos a los ingresos potenciales. Todo apunta que, gracias a una mayor apuesta y a los incentivos estatales, la diferencia entre un tipo de vehículo y otro irá disminuyendo con el paso del tiempo. No en vano, un Tesla Model 3, que aún no se comercializa en España, tiene un precio cercano (33.000 euros) a coches de combustible como el Audi A4 (33.700) o el Volvo S60 (30.900). Comparando vehículos presentes en el mercado español, el Nissan Leaf (34.360) se aproxima al Hyundai i30N (33.900) mientras que el Kia Soul (33.550) se asemeja al BMW Serie 2 Gran Tourer (30.000) o al Renault Espace (32.300) y el BMW i3 (36.150).

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La autonomía

Otro de los grandes hándicaps de los coches eléctricos es su autonomía. Aquellos conductores que tienen en su haber un vehículo de combustible cuentan con la comodidad de poder usarlo cuando quieran sin llevar un minucioso control de la carga en cada momento. Y es que un coche eléctrico obliga a saber cuándo se llevó a cabo la última recarga para poder calcular lo que resta de autonomía y evitar quedarse tirado. Una planificación que hay que seguir al pie de la letra para no perder el coche durante horas. En cambio, si alguien olvida repostar podrá solucionarlo en la gasolinera más cercana.

Igual que en otros muchos aspectos, el tiempo juega a favor de la autonomía de los coches eléctricos. Los primeros no podían recorrer muchos kilómetros, algo que ha cambiado y ha ido creciendo poco a poco. Bien es cierto que el uso mayoritario es urbano y para ese tipo de trayecto se diseñan coches con una independencia suficiente para cubrir esta necesidad, pero no para de aumentar. Tanto que algunos eléctricos, como los que llevan la firma Tesla, tienen una autonomía similar a varios coches de combustible. Y es que si no se ignoran los avisos del propio coche, los medidores de carga y se emplean los modos de ahorro de energía que reducen el consumo en casos de energía, las posibilidades de quedarse tirado son, incluso, semejantes que con un vehículo estándar.

Los números hablan por sí solos. Un coche eléctrico tiene, de media, una autonomía que se mueve entre los 200 y los 250 kilómetros; es el caso del Citroën e-Mehari (200), Kia Soul (212), Hyundai Ioniq (222) o el Nissan Leaf (250). Esto no quiere decir que no existan vehículos que ofrezcan un mayor número de kilómetros como algunos modelos de BMW (i3: 300), Volkswagen (e-Golf: 300) o Renault (Zoe: 400) o que estén en otro nivel superior como es el caso de Tesla y la autonomía del Model S, que rebasa los 600 kilómetros.

La recarga

Para recargar una batería con un porcentaje similar a la autonomía que proporciona un depósito de combustible todavía se necesitan muchas horas. Este proceso es otro de los factores que juegan en contra de los coches eléctricos porque es una evidencia que tardan mucho más en estar a punto. Las cargas estándar pueden oscilar entre las 6 y las 8 horas aunque es cierto que las rápidas consiguen tener una batería al 80% en 30 minutos, aproximadamente. Eso sí, el vehículo tiene que admitir este tipo de recargas. Sea como sea, la práctica más habitual es llevar a cabo este proceso por la noche: no suele haber necesidad de usar el coche, se evita el paseo hasta la gasolinera y, además, se ahorra porque las tarifas nocturnas son más baratas.

Según un mapa elaborado por Electromaps, se ha calculado que en España hay más de 2.100 puntos de recarga sumando los públicos y los privados. Detrás de esta cifra se esconde otra realidad que pone de manifiesto el mismo informe: recorrer el país más allá de Madrid es toda una aventura. La red de puntos de carga sigue siendo uno puntos débiles de los coches eléctricos. A favor de éstos está que muchos de ellos pueden recargarse en cualquier enchufe, incluyendo los domésticos. Otros, sin embargo, necesitan una conexión especial que puede instalarse a través de las estaciones de carga que se colocan en el hogar del conductor.

Estos puntos pueden llegar a costar 1.000 euros, pero lo cierto es que, normalmente, están subvencionados completamente por el Gobierno. Además, si la plaza de garaje es del conductor no necesita el permiso de la comunidad de propietarios, basta con avisarles. Si el aparcamiento es de alquiler u opta por dejar el coche en la calle, el conductor estará obligado a buscar una estación de recarga pública. Están presentes en la mayor parte de las ciudades con cierta relevancia, pero, quizás, no estén cerca. Por otro lado, existen ‘electrolineras’ que son puntos de pago. Según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), en España hay 250.

En qué gana el coche eléctrico al de combustible

Combustible / Energía

Los coches eléctricos son, proporcionalmente, más caros. Una diferencia que en principio se puede compensar con las subvenciones, algunos privilegios (como no pagar el Impuesto de Matriculación o aparcar gratis en las zonas de estacionamiento regulado) y, sobre todo, el ahorro en combustible. De esta manera, cuantos más kilómetros acumule el coche, antes se amortiza. Y es que es la única vía para que el conductor, en el ciclo de vida del vehículo, compense el mayor gasto en la compra.

La electricidad es más barata que el diésel o la gasolina, pero no es gratis. Con la tarifa adecuada, en un hogar, se puede llegar a ahorrar la mitad del coste de este tipo de energía. O lo que es lo mismo: con un coche eléctrico, 100 kilómetros costarían menos de un euro teniendo y con uno de combustible saldrían por unos cinco o seis euros.

Partiendo de un supuesto inicial en el que el conductor recorre 30 kilómetros al día en un entorno urbano o interurbano, un desplazamiento habitual para un trabajador que acude a su puesto a diario, se puede hacer un cálculo aproximado del beneficio económico que supone. De media, un coche eléctrico gasta, aproximadamente, 2,5 euros cada 100 kilómetros si se recarga con tarifa diurna. Un coste que puede bajar a 1,18 si este proceso se realiza por la noche. Un coche de gasolina de potencia media consume unos de 5 euros al recorrer esa distancia. Eso sí, el precio sube a 7 si el coche se utiliza sólo por la ciudad porque las constantes paradas y acelerones de la conducción urbana incrementan el gasto de un motor de combustión. Con este supuesto, ¿cuánto se consume al año?

La diferencia entre uno y otro es de 646,05 euros anuales. Este es el ahorro que genera un coche eléctrico y, además, conviene tener presente que cuantos más kilómetros recorra el conductor, mayor será el ahorro.

Ayudas del Gobierno

Bautizados con diferentes nombres, el más conocido ha sido el Plan PIVE que ha dado su relevo al Movea y al Movalt. Son las ayudas gubernamentales que se pueden solicitar para aliviar el desembolso económico que supone la compra de coches impulsados por energías alternativas; no en vano aquellos de combustión se han quedado fuera de los dos últimos. En el caso de los eléctricos, las cantidades van desde los 1.100 hasta los 5.500 euros, sin contar las ayudas de los concesionarios o la partida destinada a las estaciones de recarga que iban desde los 1.000 euros de los puntos vinculados a los 15.000 de los rápidos pasando por los 2.000 de los semirrápidos.

Este no es el único frente de subvención, algo a tener en cuenta si se recuerda que algunas de las ayudas del Gobierno se agotaron en horas. Al plan estatal se unen otros autonómicos e, incluso, algunos más locales procedentes de los ayuntamientos como son las estaciones de recargas gratuitas compatibles con algunos modelos del mercado.

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El mantenimiento del coche

El mantenimiento juega a favor del coche eléctrico porque las visitas al taller se convertirán en un ‘rara avis’ ya que no necesitan un proceso periódico. Además, en este tipo de vehículos el desgaste de los frenos es menor, no hay transmisiones mecánicas, no tienen correa de distribución o bujías y tampoco emplean lubricantes. Y es que tienen alrededor de un 60% menos de piezas. Por lo tanto, no necesitarán cambios de aceite o de filtro, entre otros.

Un coche eléctrico es más sencillo y barato de mantener, no en vano, el coste derivado es mucho menor. Audatex (empresa de gestión de siniestros) partió de un supuesto en el que los vehículos tendrían 8 años de vida o habrían recorrido 120.000 kilómetros y elaboró un informe. Los resultados indicaron que un coche de gasolina es un 56% más caro que un eléctrico. Por ejemplo, el coste del mantenimiento mecánico de un Renault ZOE (eléctrico) al cabo de 2 años puede estar en torno a unos 155 euros y el de un diésel ronda los 270.

La eficiencia energética

Un coche nunca es capaz de aprovechar el 100% de la energía independientemente de dónde proceda: combustible o batería. Se va perdiendo en las diferentes operaciones que tienen lugar como el procesamiento del combustible o la fricción entre algunas de las piezas. Según un análisis Endesa, los eléctricos se acercan al 28% de eficiencia energética, mientras que los vehículos de motor de combustión interna (VMCI) rondan el 15%.

Un coche de diésel o gasolina pierde un 3% en transporte, un 15% en refino y producción y un 67% en el motor. En el caso de un eléctrico, estás pérdidas se reparten de la siguiente manera: un 3% en el motor y su gestión, un 5% en transporte y distribución, un 8% en el cargador y la batería y un 55% en la generación de la energía.

Impuestos

En el apartado de ventajas fiscales, los coches eléctricos ganan la partida. Por un lado, están exentos de pagar el Impuesto de Matriculación. Por otro, en algunas provincias, disfrutan de descuentos en el Impuesto de Circulación que pueden llegar a ser del 75%. Un porcentaje que traducido a euros y en el caso de un coche con una potencia de 12 caballos fiscales que circule por Madrid, supondría un ahorro de 50 euros anuales.

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Aparcamiento

A la hora de aparcar fuera de casa, el coche eléctrico cuenta con algunas ventajas que se convierten en formas de ahorro. El coste de estacionar en el centro de la ciudad o en aquellas zonas en las que el aparcamiento está regulado es cero porque, en algunas ciudades, este tipo de vehículos están exentos. Si por ejemplo, un conductor es dueño de un coche diésel o gasolina y necesita invertir 4 euros semanales en este tipo de estacionamientos, gastará más de 200 euros anuales que con un eléctrico no necesitará.

Contaminación

Hay una creencia generalizada acerca de la contaminación de los coches eléctricos. Muchos son los que creen que son completamente limpios y no es del todo cierto. A la hora de conducir no emite gases contaminantes ayudando a reducir los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) mejorando la calidad del aire. Esta característica les otorga ciertas ventajas como que las medidas restrictivas de los protocolos de contaminación no les afectan: podrán circular por las calles y carreteras de la ciudad en la que estén. En Madrid, por ejemplo, pueden utilizar el carril Bus-VAO cuando viajen sin acompañante, acceder libremente a las Áreas de Prioridad Residencial (APR).

Además no hay que olvidar que para moverse necesitan electricidad. Esta energía puede proceder, por ejemplo, de una central térmica, de la quema de combustibles o de plantas energéticas alimentadas con gas natural. De esta manera, su contaminación es indirecta. Y es algo que algunos países tienen en cuenta: en Singapur, por ejemplo, este tipo de coches se consideran contaminantes a la hora de pagar impuestos debido al origen de la electricidad que emplean.

Contaminación acústica

Según la empresa Urbiotica, especializada en IOT (Internet Of Things, en español, Internet de las Cosas) aplicado a las ciudades inteligentes, el tráfico puede causar hasta el 80% del exceso de ruido que una ciudad soporta. No es de extrañar si se tiene en cuenta la rodadura de los neumáticos, el sonido de los motores o el de los tubos de escape. Teniendo en cuenta esto, reducir la movilidad de los coches con motor de combustión interna tendría un efecto positivo en la calidad de vida de las urbes. Y ahí los coches eléctricos tienen mucho que decir.

Al mismo tiempo, este punto a favor juega también en su contra porque la circulación silenciosa incrementa las probabilidades que tienen los peatones de sufrir un atropello. Algo que no se ha pasado por alto y en lo que trabajan, de forma conjunta, la industria y los diferentes gobiernos. Tanto que, en 2019, los coches eléctricos no podrán ser tan silenciosos en Estados Unidos.

¿Dónde empatan los coches eléctricos y los de combustión?

Las baterías

Al hablar de autonomía y de puntos de recarga es inevitable hacerlo del elemento más relevante de un coche eléctrico: las baterías. Su importancia está relacionada proporcionalmente con su precio y con su influencia sobre lo que cuesta un vehículo; no en vano, si el conductor decide alquilarlas en lugar de comprarlas, el coche será más barato.

Volviendo al coste de las baterías, éste depende del modelo aunque todas tienen algo en común: una vez consumido el periodo de garantía, el precio de sustituirlas es muy elevado. Hay casos en los que están sujetas a un plan por el que se paga una mensualidad y si les ocurre algo, la marca las cambia, pero, normalmente, es un elemento que no suele presentar problema alguno a lo largo de su vida útil. Por ejemplo, en el caso del Nissan Leaf, un juego completo de baterías cuesta más de 5.000 euros, mientras que el motor está en torno a los 800. Eso sí, esa costosa operación está, más o menos, al nivel del desembolso que supone el cambio de motor de un coche de combustible.

La consultora internacional Lux Research elaboró un informe en el que prevé que, en 2025, el precio de las baterías de litio se habrá reducido en un 35%. Al mismo tiempo, recuerda que este dato no vaticina una bajada en lo que cuesta un coche eléctrico, pero sí augura un futuro propicio en los próximos años: al fin y al cabo, las baterías son una gran parte de esos precios de venta.

La potencia del coche

La potencia, al igual que otros tantos aspectos de los coches eléctricos, ha ido evolucionando a medida que transcurría el tiempo y llegaban los avances. Los primeros vehículos eran lentos y poco potentes debido, básicamente, a dos razones: los motores eléctricos no estaban desarrollados y las baterías que llevaban tenía una capacidad muy limitada.

Estos dos componentes han crecido y evolucionado exponencialmente y aunque no alcanzan los niveles de algunos de los coches más potentes del mercado, el conductor puede disfrutar de modelos que van desde los 111 CV del Kia Soul hasta los 184 del BMW i3 pasando por el Ioniq (121), e-Golf (136) o el Leaf (150). Los hay, incluso, con más potencia como el Tesla Model S 75 D, la versión más básica, que ofrece 320 CV. Y puestos a soñar, existen coche como el Rimac Concept One, un superdeportivo eléctrico con cuatro motores y una batería de 82 kWh que, en total, desarrollan unos 1.088 CV.

El uso

En un primer momento y debido a sus características, los coches eléctricos estaban concebidos para darles un uso urbano. Son adecuados para este entorno porque disminuyen los niveles de contaminación y su consumo es más estable con los acelerones y parones de la conducción en la ciudad. Una ventaja que, al mismo tiempo, es un punto débil que depende de la evolución de su autonomía. Hoy en día, un eléctrico no sólo vale para los desplazamientos diarios, también para realizar un viaje a destinos no muy lejanos.

El problema llega cuando el conductor pretende utilizar este tipo de coches como vehículo único. La razón es simple: los viajes largos siguen siendo un hándicap debido a la planificación de puntos de recargar que requieren, al número de kilómetros máximo que se puede recorren con ellos y a la perfecta conducción eficiente que hay que realizar para no mermar la autonomía. De esta manera, la solución pasaría por tener otro coche o alquilar uno para este fin, con el coste que supondría cualquiera de las dos opciones.

El seguro del Coche

La tendencia apunta a la igualdad, pero hasta que ésta llegue lo cierto es que las diferencias existen. El seguro de un coche eléctrico suele ser algo más caro que el de un vehículo diésel o de gasolina. Eso sí, es una distancia que va disminuyendo poco a poco y hay que tener en cuenta que el precio final siempre depende de varios factores, no sólo del tipo de coche. Los años de carnet, la experiencia, los seguros previos o la localidad en la que viva el conductor, entre otros, también juegan su propio papel.

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Elegir el coche eléctrico para cada conductor es un proceso algo complicado y largo. Por ello, contar con una herramienta que agilice el proceso es una ayuda muy útil. El comparador de coches nuevos de Rastreator.com no sólo convierte la búsqueda de un nuevo vehículo en algo sencillo, rápido y entretenido, también ayuda a cada conductor a elegir el coche perfecto en función de sus gustos y, sobre todo, de sus necesidades.


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